MIÉRCOLES 10 MARZO
Buenos días, Cristo Reina, comenzamos la oración de la mañana en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Siempre vamos con prisa a todos lados y nunca tenemos tiempo.
No sé cuántas veces a lo largo de la semana podemos llegar a decir: No tengo tiempo.
¿Quedamos a tomar un café? No tengo tiempo, pero ya quedamos otro día.
¿Podría ir a verte ahora? Mira ahora no tengo tiempo, pero llámame luego; o mejor, ya te llamo yo cuando pueda.
Y la pregunta que debemos hacernos es: ¿desde cuándo el hombre ha tenido el tiempo en sus manos? ¿Desde cuándo somos capaces de manejar el tiempo?
El tiempo no lo tenemos, es lo que somos. Es lo más valioso de nosotros. Es el mayor regalo que nos podemos hacer unos a otros: nuestro tiempo.
Solemos regalarnos en fechas importantes, en momentos bonitos o para arreglar un malentendido. Pero…. ¿No es el encuentro con un amigo el mejor regalo?
Nos cuesta mucho organizar nuestra semana dejando horas libres para pasarlas con los demás.Somos capaces de organizar encuentros mensuales, anuales con nuestros familiares y amigos pero luego en nuestra vida cotidiana nos cuesta sentarnos junto a otro y escuchar.
Porque esa es otra, si nos juntamos para vernos nos gusta más hablar y que se nos oiga, que escuchar y esperar.
Jesús nos dijo que cuando dos o más se reúnen en su nombre Él está en medio de nosotros.
Gastemos la vida en ese encuentro con los amigos, con la familia, con los compañeros, con la pareja y ten tiempo también para ti.
Estamos en Cuaresma, estos 40 días son perfectos para mirar en nuestro interior y para ser más sensibles con la realidad que nos rodea y buscar en ella las huellas de Dios…. es un tiempo para mirar hacia fuera y percibir las necesidades de tantas personas que alrededor nuestro tienen hambre o sed de tiempo, de vida, de bienes o de historias.
Y es tiempo para responder a los demás, para compartir aquello que tenemos y que somos.
La Cuaresma es el tiempo en que los cristianos, siguiendo a Jesús, aprendemos a servir, a ofrecer lo mejor que tenemos para que el otro sea feliz.
Aprender a servir, explicando a un compañero el problema que no entiende. Aprender a servir, no criticando a los demás, sino ayudándoles a mejorar. Aprender a servir, cumpliendo con nuestras obligaciones. Aprender a servir, perdonando de corazón a aquellos que nos molestan. Aprender a servir, pensando siempre en la felicidad de los que están a mi alrededor.
Y aunque cueste, aunque haya que recorrer caminos de subida y asumir muchas cruces, siempre merece la pena.
Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera……………..