Lunes 19/4/2021
BUENOS DÍAS. CRISTO REINA. NOS PREPARAMOS PARA LA ORACIÓN
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
LECTURA: "Juan
21, 1-14"
En aquel
tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de
Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea,
los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a
pescar.» Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y
se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando
Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era
Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis
pescado?» Ellos contestaron: «No.» Él les dice: «Echad la
red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La
echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel
discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que
era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al
agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de
tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar
a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón
Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces
grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la
red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de
los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era
el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se
apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
MEDITACIÓN: "Echad
la red"
Sí,
era normal que tu presencia, tus gestos, tus palabras, fuesen reconocidas,
antes que nadie, por aquel discípulo cuyo corazón había latido
siempre al ritmo del tuyo, y que había permanecido contigo hasta el último momento,
el momento más amargo. Él seguía creyendo y esperando en ti como ninguno. Todos
los signos de muerte, de noche y de vacío de tu tumba, no habían sino
fortalecido la certeza de que seguías vivo. Así es el amor. Detrás vendrían los
otros, arrastrados por la certeza del amor de un discípulo, y por las ansias de
ti que hacía latir con fuerza los corazones de todos.
Y
así, hoy, Señor, te acercas a mí y a nosotros. Nos sigue moviendo y arrastrando
la fuerza y la certeza de los que te han amado y te siguen amando, y cuya vida
late y está movida por ti y desde ti. Hombres y mujeres que siguen poniendo en
juego lo mejor de sí mismos por hacerte presente con sus vidas, dando y
compartiendo lo que son y lo que tienen. Que siguen, confiados en ti, echando
las redes de su amor en los mares oscuros y aparentemente sin vida de este
mundo, pero que esconden más fruto de lo que parece y de lo que pensamos.
Tú
estás vivo. Sigues presente en nuestra historia, inserto y actuante desde lo
más profundo de nuestro corazón, a veces cansado, desencantado, pero siempre
sorprendente porque Tú lo invades. Y nos sigues invitando a extender las redes
del amor, del nuestro pequeño amor, junto a la infinitud del tuyo, para
compartir juntos, todos, tu mesa de la paz y la fraternidad.
ORACIÓN: "Compartir
el pan y la vida"
Gracias,
Señor, porque sigues ahí, o mejor, porque estás aquí, vivo, en medio, dentro de
nosotros. Nos cuesta distinguirte hasta que alguien, con el corazón latiendo al
ritmo del tuyo nos contagia, y nos hace sentir tu presencia que acaricia
nuestro corazón, y lo colma de tu paz, hasta hacerlo estallar de gozo.
Abre
mi corazón, Señor a tu amor. Ábrelo para que se derrame a todos y en todos.
Para que sea ese grano de arena, tal vez imperceptible, pero que junto a otros,
pugna por terminar formando una playa ancha y luminosa donde todos juntos
podamos compartir el pan y la
vida.
CONTEMPLACIÓN: "El
que vive"
Tú estás siempre presente,
en cada palabra cercana,
en cada gesto de acogida.
Estás presente
en cada corazón
que late al ritmo del amor,
y que es capaz de ver luz
más allá de los noches
y de las sombras e incertidumbres
que nos encogen la vida,
los sueños,
y los deseos mejores.
Tú estás presente,
invadiendo con tu paz
la mesa vacía de mis anhelos.
Y el latido acelerado
de mi corazón hambriento,
de ti y de todos,
me hace sentir que estás,
que no eres una quimera,
ni un anhelo perdido,
que eres tú, el Señor,
el que vive,
el que me ama.
CRISTO VENCE, CRISTO REINA, CRISTO IMPERA,
CRISTO, LUZ INFINITA, ALUMBRE NUESTRA INTELIGENCIA. AMÉN