LUNES 07-03-22. Cuaresma, Tiempo de Reconciliación.
Buenos días, Cristo Reina, nos vamos preparando para la oración de la mañana.
John Lennon - Imagine
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Nos
disponemos a escuchar la oración de la mañana y para acoger lo que vamos a
escuchar, disponemos nuestra mente y nuestro corazón, para ello vamos a cerrar
nuestros ojos y tomar una posición cómoda en nuestra silla, tomamos aire
lentamente y lo soltamos lentamente, repetimos...tomamos aire y lo
soltamos...una vez más… tomamos aire muy lentamente y lo soltamos también muy
lentamente.
Comenzamos
la oración de la mañana en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
amén.
El
pasado miércoles comenzamos el tiempo de cuaresma, con esa señal de la cruz
marcada en nuestra frente. Una señal
que nos recuerda nuestra fragilidad y debilidad; que nos hace conscientes de
nuestros límites… que son superados con el perdón sin condiciones.
Si
necesitamos un don en nuestro tiempo ese es el de la reconciliación. La anhela
nuestro corazón y los lugares violentados de nuestro mundo. Hay tantos miedos
que nos llevan a cerrar fronteras, a formular juicios, y a establecer
divisiones... y hay Alguien empeñado en hacernos hombres y mujeres capaces de
perdonar: de amar a las personas tal como son y de hacerles presentir, más
adentro de sus heridas, su propia belleza.
No podemos
desear un mundo más reconciliado si no trabajamos cada uno por obrar esta
reconciliación adentro y para eso necesitamos sentirnos de la misma pasta que
los demás, igual de torpes y de necesitados. Esta es la buena noticia: que
somos aceptados de manera irrevocable sin tener que sacar nada de nosotros, sin
tener que ocultar nada.
Celebrar la
reconciliación es acoger, una y otra vez, este 'Sí' a nuestra vida, a cada
vida, con todo. Y sentir, por unos instantes, conciliada nuestra existencia,
nueva bajo otra luz. A través de gestos muy sencillos, en tantos escenarios
cotidianos, entregándonos unos a otros, hasta setenta veces siete.
Hay a menudo
muchas historias, encuentros, desencuentros en nuestras vidas... Mucha
necesidad de reconciliar lo que se nos ha podido romper o agrietar: con Dios,
con los otros, con uno mismo... Este tiempo de Cuaresma es una ocasión para
orar y pedir a Dios que nos dé capacidad para dar los pasos necesarios, para no
quedarnos en la distancia, dejando que las historias sigan rotas. Es tiempo de
abrazar, de perdonar, de querer...
En el rezo
de hoy, ante los dolorosos acontecimientos que suceden en Ucrania, oremos
unidos por esa reconciliación, recemos por la paz y pidamos por tantos hermanos
nuestros que sufren las consecuencias de esta guerra, «Dios es Dios de paz y no
de guerra; es Padre de todos, no sólo de algunos, que nos quiere hermanos y no
enemigos».
Señor,
Dios mío, me acerco a la Eucaristía
para
ofrecerte la adoración de mi alma,
los
deseos de mi corazón…
Tú,
mi Rey divino, me conoces, me amas;
eres
mi amigo que se me confía,
mi
guía que me dirige, mi padre que me sonríe,
mi
protector que me guarda,
mi
maestro que me enseña.
Tú
eres mi Dios-Verdad que irradias luz
sobre
mi inteligencia;
mi
Dios-Amor que haces amar a mi corazón.
Te
adoro con María, tu Madre Inmaculada,
Reina
y Señora, y te pido
que
soluciones todas nuestras necesidades,
y des la paz
verdadera al mundo.
CRISTO VENCE, CRISTO
REINA, CRISTO IMPERA, CRISTO LUZ INFINITA ALUMBRA NUESTRA INTELIGENCIA. AMÉN
EN EL NOMBRE DEL PADRE DEL HIJO DEL ESPIRITU SANTO
AMÉN