LUNES 04-04-22
· Buenos días, Cristo reina.
Nos preparamos para la oración de la mañana.
Nos
disponemos a escuchar la oración de la mañana y para acoger lo que vamos a
escuchar, disponemos nuestra mente y nuestro corazón, para ello vamos a cerrar
nuestros ojos y tomar una posición cómoda en nuestra silla, tomamos aire
lentamente y lo soltamos lentamente, repetimos...tomamos aire y lo
soltamos...una vez más… tomamos aire muy lentamente y lo soltamos también muy
lentamente.
Comenzamos
la oración de la mañana en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
amén.
Seguimos en cuaresma es un
tiempo de “reformas” interiores. Siempre se ha entendido como un tiempo de
penitencia y conversión…¡y lo es! Los que habéis tenido reformas en vuestra casa
o en un espacio determinado, sabéis de lo que hablo. Reformar la vida implica
mucho de penitencia, de soportar la dificultad, de forzarse a sí mismo. La
conversión nos llama también a ver nuestro pasado y tratar de, a la luz de lo
visto y descubierto, poner nuestra vida en sintonía con Dios. Podríamos decir,
así, que la Cuaresma es un tiempo para “aplicarse” en aquello que Dios ha
soñado para la humanidad: un proyecto de vida que pasa por la entrega de la
misma, a pesar de lo que eso supone… de esa “renuncia” interior a otras muchas
cosas.
Pero la Cuaresma es,
también, un camino en el que se nos van apuntando, poco a poco, en qué podemos
ir asentando nuestra vida. Si utilizáramos la metáfora del móvil, nosotros
seríamos el móvil físico, actualizado a la última versión por el amor tremendo
de Dios y al que vamos añadiendo aplicaciones, apps, que nos van permitiendo explorar y
exprimir nuestra vida al máximo. Tanto como para decir, al final de nuestra
Cuaresma, ¡aquí estoy!, como hizo Jesús en su entrega al plan de Dios. Una app
muy recomendada es la Palabra de Dios, y otra que tiene muchos usuarios es la
oración, se descarga en nada y además no necesita wi-fi ni gasta datos.
Hay
momentos en los que sin darlos cuenta comienza a bajar nuestro ancho de banda y
empezados a quedarnos sin conexión, sin batería, y entonces nos gana el mal
humor, nos volvemos descreídos, tristes, sin fuerza, y todo lo empezamos a ver
mal. Al quedarnos sin esa Conexión que les da vida a nuestros sueños, el
corazón comienza a perder fuerza, a quedarse también sin batería.
Sin conexión, sin la conexión con Jesús terminamos ahogando
nuestras ideas, nuestros sueños, nuestra fe. De protagonistas – que lo somos y
lo queremos ser—podemos llegar a sentir que vale lo mismo hacer algo que no
hacerlo. Quedamos desconectados de lo que está pasando en “el mundo”.
Comenzamos a sentir que quedamos fuera de ese mundo.
¿Ahora vas entendiendo de
qué habla nuestra Cuaresma?
En esta cuaresma, en esta
recta final, sigue aplicándote, para sacar lo mejor de ti, para prepararte al
“aquí estoy” de Dios en la entrega en la Cruz.
Es momento de aterrizar tu
vida, sin miedo, y mostrar al mundo que es fundamental "pillar red", tener
la batería de la vida bien cargada, buscar experiencias que puedan poner tu
corazón al 100%.
Dios nunca pide
imposibles. Es más: Él siempre nos da la fuerza necesaria, a través del
Espíritu (los dones del Espíritu... ¿te suenan?) para poder responder con
fuerza a su invitación.
Te está invitando también
a compartir tu vida. Igual que compartes tu ubicación cuando quedas con los
amigos, o compartes tu experiencia en las redes sociales o cómo te sientes en
determinados momentos. ¿Por qué los demás pueden conocer cómo vives
determinados aspectos de tu vida y no este, tu vocación, tu llamada, tu
relación con Jesús?
Pero es fundamental que
para esta vocación que Dios está diseñando, moldeando, en tu vida , dejes atrás los miedos, los temores que te
paralizan, que te dejes en sus manos, como María, y seas capaz de gritar, con
ella, que ¡estás
aquí! Para Él... para que Él guíe tu día a día.
Señor, limpia mis heridas con tu gracia.
Ven, hasta lo más hondo de mi ser, ven, creo en tu palabra y tu poder. Dejando
todo atrás, quiero volver a empezar: restáurame, renuévame. Porque Tú, Señor,
todo lo haces nuevo. Amén.
· Cristo vence, Cristo reina,
Cristo impera, Cristo Luz infinita, alumbre nuestra inteligencia, amén.
En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.