miércoles 4 mayo. María, siempre presente
Buenos días, CRISTO REINA, nos ponemos en presencia del Señor, en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo
Bienvenidos a la oración de esta mañana, abrimos nuestro corazón a Jesús, y le dedicamos estos primeros minutos de nuestro día.
Acabamos de empezar uno de los meses más bonitos del año, el mes de mayo. Es por eso por lo que tradicionalmente los cristianos dedicamos este mes a María, la madre de Jesús.
¿Te has parado a pensar alguna vez la vida que tuvo que soportar la madre de Jesús?
En la Palestina de hace dos mil años, la religión judía consideraba un honor no haber nacido mujer y los varones daban gracias a Dios por no haber nacido mujer.
Las mujeres tenían la misma consideración que los esclavos. No se les tenía en cuenta en el templo, no podían estudiar y tenían prohibído el acceso a ciertos lugares.
María tuvo que hacer frente a las habladurías por estar embarazada antes de vivir con José, tuvo que a dar a luz en un establo en las peores condiciones higiénicas para ella y para el niño; tuvo que aguantar y sufrir al ver como torturaban a su hijo hasta que lo mataron.
María también sufrió, lloró y tuvo miles de dudas y a pesar de todo ahí la tenemos. Su vida es un ejemplo de seguir adelante y no darse nunca por vencido.
Jesús cuando estaba punto de morir en la cruz le dijo a María: Mujer ahí tienes a tus hijos.
Desde entonces María nos cuida con infinito amor. María siempre es Madre.
Si hay un amor que podamos llamar verdadero es el amor sincero de una madre, un amor que a su vez es eterno e infinito.
En realidad, ser madre implica seguir los pasos de unos pequeños maestros, los hijos, hasta que se hacen grandes; pues con solo existir y sin saberlo los hijos nos enseñan a amar de manera incondicional.
Ser madre significa nunca más estar sola en el pensamiento, pues una madre siempre piensa doble: por sus hijos y por ella. Una madre se siente tremendamente afortunada porque sabe que sus hijos son el mayor tesoro que podría alcanzar a tener.
Por todo esto, en el mes de mayo honramos a María y le rezamos agradeciéndole su gesto de generosidad al Plan de Dios y su presencia en medio de nosotros, invocando su protección para que nos siga cuidando y bendiciendo y nos dé la fuerza para imitarla en el camino de fe que ella realizó.
Podemos estar muy seguros que María camina siempre a nuestro lado, tanto en las alegrías y esperanzas como en los momentos de dificultades y de peligros. Es una madre que está siempre presente.
Rezamos juntos un Ave María